El impacto socioeconómico del clima, la gestión de las ayudas institucionales y las proyecciones de mercado centran la actualidad del sector agrícola jiennense. En un escenario marcado por el cierre de una campaña oleícola compleja y la planificación de la PAC, hablamos con el secretario general de COAG Jaén, Francisco Elvira, para analizar la realidad de las explotaciones de la provincia, la viabilidad del olivar tradicional y las herramientas sectoriales frente a los retos burocráticos y ambientales inmediatos.
P.- El tren de borrascas del pasado mes de febrero provocó graves daños estructurales y pérdidas directas en numerosas explotaciones de la provincia. Tras los anuncios institucionales, ¿cómo valora COAG los paquetes de ayudas planteadas por el Gobierno de España y la Junta de Andalucía? ¿Están llegando los recursos con la fluidez que exige la necesidad de los agricultores afectados? ¿Cómo afectará esta situación al corto y medio plazo?
R.- La provincia ha sufrido una bajada de más de 80.000 toneladas con respecto al aforo, un 31% con respecto a la cosecha del año anterior, y eso solamente en cuanto a producción, sin contar los daños en infraestructuras y plantaciones que hemos sufrido. Esto justifica más que sobradamente que las administraciones, tanto la estatal como la autonómica, hayan desplegado unos paquetes de ayudas sin precedentes para los agricultores de nuestra provincia. Si bien, es cierto que son cuantiosos en cuanto a nivel económico, dista mucho la filosofía con la que una y otra administración los aplica. La administración nacional decidió que estas ayudas fueran una compensación a la renta directamente a los agricultores primando la simplificación administrativa, que luego no resultó ser tanta la simplificación. Y la administración autonómica, decidió dirigir mucho más las ayudas compensando a los agricultores que realmente habían sufrido daños, cosa que ha complicado el proceso y que dilatará los pagos. Cada cosa tiene sus pros y sus contras.
Lo que si es cierto es que los recursos están tardando en llegar. Cabe recordar que la actividad, sobre todo en un cultivo mayoritario para nuestra provincia como es el olivar, no para.
A corto y medio plazo, la situación de lluvias afectó bastante en su momento, por las pérdidas que produjo y el retraso en las labores generales del campo, que aún ahora, en el mes de mayo, seguimos arrastrando. Aún se ven algunos podadores en el campo y la gente está desbrozando como en pleno mes de marzo. Pero somos agricultores, y la resiliencia va en nuestro ADN, nos recuperaremos más pronto que tarde y la vida y la satisfacción de producir el mejor aceite del mundo volverá a nuestros agricultores.
P.- Las valoraciones analizadas en los últimos días confirman un descenso notable en el balance de la cosecha de olivar en la provincia de Jaén. Con los datos consolidados sobre la mesa, ¿cuál es el diagnóstico de COAG respecto al impacto real de esta merma en la renta agraria de los productores jiennenses y en la estabilidad de las cooperativas locales?
R.- Ya tenemos los datos del mes de abril de 2026 y por tanto la cosecha terminada. Hemos bajado casi 100.000 toneladas de aceite con respecto al aforo del ministerio del mes de octubre 2025. Y la principal conclusión es que más de 80.000 toneladas de bajada son de la provincia de Jaén. Con los precios medios que tenemos ahora mismo, en torno a los 4€, y la cuenta da miedo, más de 300M para la provincia.
P.- Frente a las dificultades del ejercicio actual, las previsiones meteorológicas y los primeros análisis técnicos ya apuntan hacia una buena cosecha para la próxima campaña. ¿Qué factores determinan este cambio de tendencia y cómo debe prepararse el sector para gestionar esta transición de volumen sin que se penalicen los precios en origen?
R.- Aquí tenemos dos factores. El primero es la producción futura, faltan meses y no pocos para poder empezar a recolectar el fruto que ahora mismo está casi en floración el olivar, queda un verano muy duro y unos meses de septiembre y octubre que últimamente están determinando y mucho los niveles de rendimiento en el fruto.
Y por otro lado, tenemos herramientas como es la autorregulación, que dependiendo de los aforos que tengamos en octubre podremos poner en marcha para regular el mercado retirando parte del aceite de la oferta.
Por lo tanto, tranquilidad, que aún queda mucho tiempo hasta que podamos llevar estas aceitunas hasta la almazara y no podemos vender la piel del oso (el aceite) antes de cazarlo (antes de la recolección).
P.- Las organizaciones agrarias han solicitado de forma unánime una ampliación del plazo para la presentación de las solicitudes de las ayudas de la PAC. ¿Cuáles son los principales obstáculos burocráticos y técnicos que están encontrando los profesionales del campo en esta campaña y qué consecuencias inmediatas tendría el hecho de que la administración no concediese esta prórroga?
R.- Ya tenemos concedida la prorroga hasta el 15 de junio, y ha costado mucho la negociación, pero por fin está publicado en BOE. La principal causa del retraso en la tramitación han sido por un lado el atraso en las plantaciones y cultivos, ya que las lluvias condicionaron la plantación de cereal y de algodones, pero el factor principal ha sido la sobrecarga burocrática debida a la tramitación de las ayudas de borrascas, tanto la del ministerio como la de la junta.
P.- La concatenación de la inestabilidad climática, las exigencias normativas de la Unión Europea y la fluctuación de los costes de producción marcan una agenda compleja. En este escenario, ¿cuál considera que debe ser la línea de trabajo para defender la viabilidad del olivar tradicional y garantizar el relevo generacional en la provincia?
R.- Si un cultivo no es rentable, por muchas ayudas públicas que existan, terminará desapareciendo. Tenemos varios factores que condicionan la rentabilidad, desde factores sociales a factores ambientales o de eficiencia.
Socialmente tenemos un sector muy envejecido, lo que condiciona la falta de inversión y modernización en el sector. Y obviamente, si no es rentable, tampoco es atractivo para nuevos agricultores y es un factor que retroalimenta el decaimiento del olivar tradicional. Al no incorporar jóvenes también se resiente la inversión y, por tanto, la competitividad.
Ambientalmente, sin agua no somos productivos. El principal factor productor de la provincia es el regadío y es la única herramienta que en el futuro vamos a tener para estabilizar las producciones y luchar contra el cambio climático. Y la eficiencia, en cuanto a maquinaria, automatización de procesos e inversión en nuevas tecnologías para ser más competitivos y disminuir la dependencia que tiene el olivar tradicional, que es el mayoritario en la provincia, de la mano de obra eventual.



