«Estamos pasando de un clima oceánico mediterráneo, ideal para el olivo, a una tropicalización»

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El impacto del cambio climático en el olivar de Jaén ha dejado de ser una amenaza futura para convertirse en un desafío cotidiano. La alteración de los patrones térmicos, la irrupción de olas de calor tempranas en momentos fenológicos clave como la floración y el fenómeno creciente de la «tropicalización» del clima obligan a replantear la gestión agronómica de nuestras explotaciones. Ante esta nueva realidad, la meteorología de precisión, el monitoreo del suelo y el uso inteligente de los recursos hídricos emergen como herramientas indispensables para mantener la productividad y la calidad.

Para analizar estas dinámicas y conocer cómo la tecnología aplicada ayuda al agricultor a tomar decisiones estratégicas, conversamos con Antonio Estévez, gerente de Nutesca. A lo largo de esta entrevista, profundizamos en la influencia de las variables climáticas sobre el desarrollo del olivo, los nuevos modelos de control frente a plagas como la mosca del olivo y la capacidad de adaptación de un sector que camina decididamente hacia la agricultura de precisión.

Desde su perspectiva en Nutesca, ¿cómo condiciona la meteorología de precisión el trabajo diario en el campo jiennense? ¿Cuáles son las variables climáticas críticas que monitorizáis hoy en día para adelantaros a las necesidades del olivo?

Fundamentalmente horas de frío del olivo, temperatura máxima y mínimas y capacidad de campo del suelo jienense

El verano en Jaén suele venir acompañado de olas de calor extremo. Pensando en los meses estivales que tenemos por delante, ¿cómo afectan estas altas temperaturas a la fisiología del olivo (especialmente en procesos como la lipogénesis o formación del aceite)? ¿Qué recomendaciones o estrategias de manejo se pueden activar desde el punto de vista técnico para mitigar este impacto?

En los últimos años, las olas de calor están siendo muy continuas, e incluso tempranas, antes era bastante anecdótico tener olas de calor en mayo, pero desde el 2023-20024 las olas de calor se están produciendo en un mes clave para el olivo, en plena floración, actuando como un factor más que regula la floración del olivo y afectando de forma directa al potencial de cosecha que se puede obtener, en parte, podemos decir está siendo el factor regulatorio entre el incremento de hectáreas productivas, caso del super-intensivo con el olivar tradicional y la capacidad productiva de España, de ahí, que el volumen final de producción habrá que calcular no solo teniendo en cuenta esta simple variable sino reduciendo la capacidad productiva del olivar que salvo excepciones no veremos cosechas muy altas y por el contrario la cantidad media de aceituna de un olivo, sobre todo jienense, el más productivo se verá reducido de forma considerable, la estrategia está siendo clara, el olivarero protege al olivo con soluciones de caolín que amortigua la altas temperaturas al igual que antaña mente lo hacía rastreando los olivos.      

Las tormentas de verano en nuestra provincia son a veces tan deseadas como temidas. Cuando aparecen de forma torrencial o acompañadas de granizo, los efectos pueden ser devastadores para la cosecha. ¿Cómo analizáis este fenómeno y qué herramientas meteorológicas o de seguros agrarios consideras clave para que el agricultor proteja su explotación frente a estos eventos adversos?

Precisamente, una de las variables climáticas que va en aumento son las tormentas que casi no podemos clasificarlas de verano, pues debido al aumento de la temperatura media, que para mí está siendo la clave, pues estamos pasando de un clima oceánico mediterráneo, ideal para el olivo a una tropicalización, esto supone asumir que la cantidad de vapor de agua, en años de lluvias, unido al factor de la cercanía de océanos, nos facilita la formación de nubes convectivas, que no son otra cosa, como consecuencia de la evaporación de agua debido a las altas temperaturas y unido a que estamos rodeados de formaciones montañosas, tenemos los ingredientes de que las tormentas severas, como se conocen a las tormentas de granizo están siendo cada vez más comunes, ante estas adversidades meteorológicas solo tenemos varias opciones, como desde muchos años llevan agricultores aragoneses y catalanes, luchando contra las tormentas, por un lado medios preventivos, que en nuestra tierra carecemos de sistemas antigranizo, son caros y el minifundismo dificulta afrontar estas inversiones caras y que al tener la sensación de que no existen, todavía no son populares y por supuesto, la opción curativa, los seguros agrarios, que al ser tan complejos en su forma de cubrir esta necesidad generan disparidad entre los olivareros pero no hay otra forma de que tras una desgracia al menos un porcentaje de los daños estén cubiertos.            

La humedad, el viento y la temperatura dictan el ciclo biológico de las plagas más dañinas, como la mosca del olivo. ¿De qué manera ayuda la predicción meteorológica y el modelado climático a predecir los picos de vuelo o de afección? ¿Permite esto pasar de tratamientos meramente de calendario a una sanidad vegetal más quirúrgica y eficiente?

La olivicultura actual, debido a la revolución que está suponiendo el abandono de muchas materias activas de fitosanitarias, nos impone un modelo de protección fitosanitaria distintiva, dónde los productos fitosanitarios no son cancerígenos, algo que hay que resaltar y se obvia muchas veces y a la vez, nos obliga aplicar técnicas de control más respetuosas y a la vez más complejas de control, precisamente me preguntas de la plaga por excelencia en el olivo, la mosca del olivo dispone de varios mecanismos de adaptación para seleccionar dónde poner la hembra adulta sus huevos, y la primera pero aún muy desconocida es la atracción química, precisamente hace años, probamos en condiciones de laboratorio, para distintas variedades de olivo, que volátiles emite la aceituna una vez que tiene el tamaño medio y descubrimos que existe una serie de compuestos que atraen a las hembras y por tanto el factor variedad es el primer factor, como anécdota descubrimos que la variedad Portuguesa “Cobrancosa” no existe estos compuestos por parte de las aceitunas y el picado es menor, es decir la atracción de la mosca del olivo hacia las aceitunas no solo es visual, dato que ya se conocía y por eso si el    olivo se protege con el polvo de un rastreo o con caolín se consigue disminuir el porcentaje de picada, sino que además, existen componentes químicos y un efecto de necesidad de agua para sobrevivir, todo estos factores unidos provoca una localización de la mosca del olivo en Sierras o zonas más húmedas en el verano y unido a las variables climáticas, temperatura y humedad, determinan cada año las generaciones de mosca, las cuales permanecen muy bajas durante el verano, pues las altas temperaturas así las regulan, para incrementarse de forma exponencial y hacer daños cuando quedan pocas semanas para el envero, es decir, conocemos perfectamente los modelos climáticos para establecer predicción en el vuelo de la mosca pero sigue siendo la meteorología  clave para determinar si al final tendremos o no picos altos de vuelo en las campiñas, dónde las altas temperaturas del verano le pasa factura al olivo y a la mosca también, pero en cambio en las sierras es muy probable altos ataques de mosca, pues se dan las condiciones idóneas para sobrevivir la mosca del olivo, por lo tanto, técnicas de trampeo masivo, o incluso la irrupción de las aplicaciones con drones en zonas de máxima afección son las medidas que estos últimos años dispone el olivarero para luchar contra la mosca del olivo                

Observando las tendencias meteorológicas a medio y largo plazo en Andalucía, ¿hacia dónde crees que debe evolucionar el cultivo del olivar en Jaén para seguir siendo competitivo y sostenible frente a un clima cada vez más extremo?

La tropicalización del clima, unido a una escasez de lluvias, pues las sequías se están volviendo cada vez más intensas, hemos pasado de ciclos de diez años, dónde solíamos tener uno a dos años secos y casi siempre alternos a periodos cada vez más largos de años por debajo de la cifra mínima y necesaria para el olivo, 500 mm/año, esto unido al aumento de la temperatura ha provocado dos cosechas escasas y una reducción de la producción provincial y por ente de la nacional, para luchar contra están adaptación climática, no queda más que conocer muy bien las necesidades hídricas del olivo y si no llueve el mínimo necesario empezar aportarlas en los periodos claves, invierno y primavera, esto va provocar un cambio radical de la forma en que cultivamos nuestros olivares con unas dotaciones veraniegas, en función de lo que llueva así confederación establece el canon de cuenca, que sería para otra entrevista hablar de este tema tan necesario abordarlo y a la vez muy  controvertido.  Pero esencialmente tenemos que cambiar nuestros hábitos en la forma de regar, pues el olivo como buena planta bianual, se comporta de forma diferente al método tradicional de riegos complementarios de primavera pero sobre todo de verano, dónde por las altas temperaturas (evaporación) el riego deficitario está dando muy buenos resultados, es decir, tenemos que estimar nuestra pequeña dotación de agua, cada estación estimando un mínimo necesario de agua y complementando hasta dónde podamos pero antes de la floración del olivo, sino llegamos a disponer de una humedad en el suelo adecuada, como está pasando los años de sequía, difícilmente podremos aspirar a cosechas medias. En definitiva el olivo jienense sobre todo, por ser un porcentaje alto de secano, lleva años regulándose y aclimatándose al nuevo paradigma climático, menos floraciones con menor cosechas, pero a la vez esta reducción de la producción puede de nuevo ser un factor competitivo ante el incremento de superficies de olivar en otros territorios, el olivar jienense bajo mi punto de vista tiene mucho futuro, pues siendo el más productivo frente a otros territorios, ha descendido su producción pero sigue siendo rentable desde el punto de vista de la productividad, otro tema sería como gestionar una vez más  las cosechas altas en un mercado complejo con costes que han subido y reducen el margen de maniobra.                 

Nutesca destaca por su apuesta en el asesoramiento técnico e innovación. En el contexto actual del olivar, ¿qué papel juegan herramientas como las estaciones meteorológicas predictivas, los sensores de suelo o la integración de datos climáticos en la toma de decisiones? ¿Está el agricultor de Jaén preparado para adoptar esta tecnología?

Estas técnicas son ya una realidad, cada vez son más las explotaciones que apuestan por métodos que le permitan al olivarero tomar decisiones basado en datos climáticos, y la agricultura de precisión es necesaria por un contexto de altos costes de producción pero más fácil de aplicar pues se disponen de infinidad de sensores de suelo, estaciones climáticas y empresas que te ofrecen soluciones sencillas y a costes asequibles, por lo tanto cada vez  es mayor la integración y uso de las tecnologías para conseguir el objetivo, con menos agua llegar a cosechas medias, y para ello, el olivarero ha pasado de cosechar tarde a cambiar a la aceituna temprana, diferenciación pero sobre todo lo que más admiro de nuestros olivareros es la capacidad de adaptación y resilencia, ya que con mucho esfuerzo, lideramos los ranking de calidad, algo impensables decir hemos girado nuestra capacidad productiva hacia el mercado y con ello, seguimos ganando cuotas pero el camino es largo, pues para ello tenemos que seguir avanzado en los objetivos de comercialización que permitan el retorno del beneficio y copiar modelos similares que existen en el mercado de los vinos, y eso a pesar de todo, se nos da muy bien.